Esto también pasará

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Nunca jamás he podido escribir desde la felicidad, nunca jamás me ha salido algo lo suficientemente razonable para ponerlo por escrito cuando estoy llena de colores y mariposas, maldita felicidad pensaba cuando sentí que había perdido las ganas de escribir, único medio que siempre me ha servido mucho más que la palabra misma.

El mismo tema es el que vengo desarrollando desde tiempos de aldeadecolores, cuando la ingenuidad era mi principal motor de vida, donde construir castillos en el aire era una de mis características principales, pero claro! tenía 15 años…

El panorama no ha cambiado mucho, paso por historias inventadas por cabeza o por la realidad que me agarra y me azota al piso ¿Es esta una inventada? ¿Estoy escribiendo desde la imaginación? si abrí esto que tenía olvidado en la web, algo que siempre fue tan mío, por tiempos regalados a la vida de grande, por tiempos perdidos en un capítulo de una serie o por una lista de reproducción cebolla con lágrimas y tragedia bien exagerada, dejé en el olvido mi mayor medio de desahogo y verdad cruda, fría, la verdad más profunda que siento cuando abro una de estas páginas y lanzo palabras que pueden tener sentido o no, que pueden leer en Inglaterra o en Canadá, como me sale en la frecuencia de lecturas de mi blog ¿Qué sabe uno donde caen las palabras que uno regala a la web? Palabras tan sinceras que de una u otra forma buscan aprobación, buscan empatía, porque no puedo ser la única en el mundo con una mente tan poco aterrizada, con un pensamiento tan aferrado a lo imposible, a la esperanza y a creer, como los niños…creer.

Hoy caminé por Lastarria, de noche mirando esos barrios que a mi tanto me gustan, esos que tienen muchas cosas de madera, donde hay olor a café y gente que se pierde en el humo del cigarro…mi cabeza piensa y piensa y piensa, veo una pareja sentada compartiendo un café, fumando un cigarro, tomados de la mano y ahí me quedo, pegada, como siempre me quedo pegada cuando trato de pelear entre lo que mi mente piensa, lo que no quiero pensar y lo que es. Siempre he creído que tomarse de la mano es un acto de amor que sobrepasa un beso apasionado, una noche de sexo brutal o mil palabras bonitas, tomarse de la mano es un gesto tan simple, tan pequeño, tan insignificante, pero con tal alto contenido de cariño, porque de pronto ninguno de los dos sabe por qué, pero ahí están, sentados una noche de Lunes, a las 9 de la noche, tomando un café, de la mano, frente a frente, con las luces de noche de fondo, el humo del cigarro de la gente que los rodea y nadie les importa, ni siquiera la loca de patio pegada mirando que pasa caminando por el frente…

Ya no creo en el amor, y es aquí donde viene el comentario de cualquiera para que lo dramaticen y hagan burla de la forma en lo que lo dije, si hasta medio chulo sonó, pero tengo mis razones. No creo que el amor se haya acabado en el mundo, siempre he sido la abanderada número uno por las muestras de cariño, por los abrazos apretados, por decir te quiero, por parejas como las de hoy, sí creo que existe para mucha gente, pero es sólo que a veces creo que no para mi.

Siempre hay alguien que quiere más en una relación, siempre hay alguien que se entrega más que nada por el otro, siempre hay alguien que te toma la mano, pero tu no. Hubo un tiempo en que coincidí con alguien, hubo un tiempo en que sentí que ambos estábamos locos por el otro, hubo un tiempo en que los planetas se habían alineado y esa mirada que yo regalaba de ida, me llegaba de vuelta, muchas veces creí que no podía respirar de tanto amor, muchas veces creí que “esto es para siempre”… nunca había estado más equivocada en mi vida, por su puesto que no fue siempre así y terminé entre lágrimas tomando helado con mi mamá dándome la mano, demostrando una vez más que tomar la mano es un cariño indescriptible “esto también pasará Pole, no vas a sufrir toda la vida, el amor es muy bonito, aún eres muy joven” Nada hacía presagiar que el tiempo pasaría y efectivamente mamá tenía razón: Pasó.

Con miedo, volví a entregar lo que había guardado por mucho tiempo, volví a sacar todo lo que egoístamente escondí, todo ese cariño que nadie tuvo acceso y todos conocieron lo que nunca fui, pero quería ser.  Me quisieron mucho, he sentido ese amor desagarrador que alguien puede sentir por ti, he sentido esa mirada de “mi vida se acaba si no te tengo” he sentido lo que es ser querida en mente y cuerpo, he sentido lo que es saber que hay alguien que realmente da la vida por ti…pero yo no por él. Supongo que alguien tomó su mano y le dijo lo mismo que me dijeron a mi, entiendo a la perfección lo que sintió, entiendo en cuerpo y alma ese vacío en el pecho de no poder respirar, entiendo que al igual que yo, él debe haber sentido que el amor existe, pero no para él…

No creo en el amor, porque encontrar el equilibrio y que de pronto dos personas se unan en un mismo sentimiento es un acto mágico que no todos pueden sentir, no creo en el amor no por ser el “Grinch” de la felicidad, yo sí creo que existen muchas parejas felices comiendo perdices, es sólo que me cuenta trabajo pensar que alguna vez me pase a mi, no por no quererlo, no por no entregar, es que simplemente creo que todos nacemos con alguna misión en la vida, que todos nacemos con algo destinados para nosotros y yo siempre me paso tres pueblos o me quedo en tres atrás.

Existen fantasmas del pasado que jamás se van a poder eliminar hasta que no llegue alguien que (clichémente) te abrace tan fuerte que todo aquello que alguna vez estuvo roto vuelva a juntarse y te haga creer que si existe lo que tu veías perdido, alguien te abrace tan fuerte que todas tus inseguridades de que alguna vez te tengan que decir “esto también pasará” se eliminen de tus pensamientos, alguien que te tome de la mano porque si…

Porque cada vez que apareces de alguna forma en mi vida me recuerdas que si exististe, que yo si moría y vivía por ti, pero tu no por mi; cada vez que apareces de alguna forma me recuerdas que el amor si existía, y que en lo más profundo de mi, siempre tendré ese miedo de volver a querer a alguien porque exponer el corazón a tamaña entrega, es sólo un acto de valentía que yo intento no tener. Porque de alguna forma cada vez que remuevo tu pensamiento me recuerda que no debo exponerme de nuevo, porque pareciera que me conoces mucho y apareces cuando necesito entender que sí exististe y que debo dejar de construir castillos sobre arena, porque la realidad no es la que mi mente crea en momentos de soledad, porque la realidad no es la que creo que es o la que espero que alguna vez sea, porque la realidad es ahora, porque la vida es ahora y apareces para recordarme que si te quise, hace mucho tiempo, pero tu ya no y que probablemente, él tampoco, no porque sea como tú, lejos está; pero justamente por volver a sentir ese “esto también pasará” que tanto evité…

P.S: El video es simplemente porque Damien siempre me acompaña cuando necesito escribir.

Vivir sola

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Cuando me fui a vivir “sola” a Concepción tenía 18 años, era un bebé; no sabía cocinar, no sabía pagar las cuentas, no sabía hacer absolutamente nada sin mi mamá al lado. De a poco fui aprendiendo, lo primero que aprendí fueron los tallarines, como era el único menú que tenía en mi repertorio, lo hacía todos los días y engordé como cerda; ahí fue cuando un fin de semana viajé a mi casa y mi mamá con ojos de huevo frito me dice: “Hija, te voy a enseñar a cocinar cosas más sanas” y así aprendí a cocinar lentejas y arroz y verduras y de a poco volví a los 54 kilos de toda mi vida.

Vivir sola (con amigas) en la época universitaria, es entretenido, mis papás me daban 15 lucas a la semana que las tenía que hacer durar entre los pasajes, la comida, fotocopias y mis gastos, que se reducían a las cervecitas con los amigos entre la semana o después de clases, entre los cafecitos en alguna cafetería (y me dolía hasta el alma gastar 3 lucas en un café con un pie de limón) y en los pasajes pa ir a casa todos los fines de semana, esos eran mis gastos, bien simplecitos. Todo mi dinero salía del bolsillo de mis papás, porque yo no le trabaja un día a nadie, era un gatito de chalé y puro estudiaba (andáaaaaaa!!! jajajajajaja)

En tercer año me fui a Estados Unidos, iba como un pollito cuando me subí al avión, siempre dependiendo de mis papás, viajando a casa todos, TODOS, los fines de semana, qué iba a hacer si me enfermaba? qué iba a hacer si me faltaba plata? a lo más cuero de chancho no miré atrás, me subí al avión y partí. Durante ese año pasé penas y alegrías, aprendí a resolver problemas sola, aprendí a ahorrar, aprendí a ser independiente, a verme en situaciones límite, a arreglarmelas solita, a distribuir el poco dinero que ganaba como voluntaria en un colegio y a comer lo que me dieran donde estaba viviendo, aprendí a tratar con gente de mucho dinero y gente muy pobre, aprendí a viajar sola (viajé hasta que se me hinchó el trasero) crecí, creci enormemente y le tomé el valor a mis papás, por Dios que los echaba de menos, por Dios que echaba de menos que estuvieran a mi lado al más mínimo llamado, crecí, crecí enormemente.

Cuando regresé tuve el síndrome de volver a depender de mis papás; ya no trabajaba, tenía que volver a a pedirles plata hasta para comprar un huevo y de a poquito volví a la vida de universitaria que me correspondía, pero siempre deseando volver a tener mi independencia…

Y aquí estoy, un par de años después de eso, viviendo sola con una amiga, compartiendo un departamento pequeño, pero acogedor; logré lo que tanto quería: Ser independiente.

Y aquí está lo que me espera a día a día: La parte positiva? la independencia es hermosa, ser una mujer hecha y derecha, no tener que rendirle cuentas a nadie, hacer y deshacer con tu dinero, ir a tomarte 10 caipiriñas si quieres y pasar la tarjeta “me saco la cresta todo el mes, me pago yo mis cuestiones y si quiero me pido 5 más” y así con muchas cosas de la vida de “grande”. Organizar viajes con amigas, viajes grandes donde te pagas todo solita y uno se cree la raja por eso, uno tiene cuenta corriente y entra al mundo de los “profesionales jóvenes” donde cada logro para ti, es un logro para tus papás, donde las juntas con los amigos ya no son con las bálticas en la plaza Perú, sino que son un happy hour con algo pa picar, en un lugar más decente, no va  ser en el barucho de la esquina! donde los viajes con tus amigos ya no son a una cabaña de la playa cercana de tu casa, donde cada uno llevaba un paquete de tallarines y dormiamos achoclonados, donde la idea era tomar toda la noche y todo el día y escuchar reggaeton y woooow!, ahora no, ahora uno va a lugares un poquito más subidos de pelo, arrienda una cabaña decente, duerme bien y come bien, van a restaurantes y de noche hacen asados, al otro día uno sale a disfrutar la playa, anda en bicicleta, recorre. A uno le cambia la vida…

Lo malo? uno crece de “hocico al suelo” a pesar de que sea “lo mismo” que en la U, donde uno vive solo, ya no es 100% igual, aquí uno trabaja todo el fucking día, se levanta a las 6 de la mañana y ya no puedes apagar el despertador, porque es tu pega y como no vayas, te despiden o te descuentan el día y esos pesitos pucha que son valiosos a final de mes!!! Uno llega chato a la casa y te das cuenta que no compraste confort, uno abre el refrigerador y con suerte hay un pedazo de queso añejo, medio verde, mirándote de reojo y ahí te acuerdas que no fuiste al supermercado!!! que en la mañana dijiste “a la vuelta de la pega paso al super, compro confort y algo pa comer” y cuando venías de vuelta ni te acordaste, porque venías tan chato de ese metro de mierda donde uno viene pegado como sticker a la puerta, donde todos te empujan, andan todos hediondos (BÁÑENSE Y LÁVENSE LOS DIENTES!!!!) y tan cansado porque estuviste todo el día en la pega y con suerte tuviste tiempo para tragar en la hora de almuerzo porque dejaste pega pendiente del día anterior o simplemente no almorzaste porque no llevaste comida de la casa o no puedes salir de la pega a comprar o justo el caballero que vende colaciones ese día no fue y el día del coco voy a comprar un almuerzo en Las Condes, la huevá cara!!! parece que fuera de oro; entonces cagaste y te esperas a que salgas, pero tienes tantas cosas en la cabeza que llegas a la casa y tu única esperanza de alimentación es un Maruchán que inteligentemente compraste hace un mes, por si pasaba esto algún día. Y te calientas el Maruchán y prendes la Tele, pero no ves la Tele, la miras no más, estás concentrado en tu Maruchán y en terminarlo luego, para ir a fumarte ese puchito del día, lavarte los dientes, ponerte pijama y echarte como una vaca sobre tu cama, cama que como saliste apurada en la mañana no alcanzaste a hacer y es ahí donde miras a tu alrededor y te das cuenta que está la cagá en el depa, porque todos los días llegas igual, cansada y te da una flojera monumental hacer aseo, entonces cierras las puerta de tu pieza lentamente, te acuestas y pretendes ver una serie, pero a penas pones la cabeza sobre la almohada PUM!! te duermes y despiertas al otro día media atrasada y no alcanzas a hacer la cama y así…todos los días…

Lo peor es cuando te das cuenta que tu ropa está arrugada, porque obviamente nadie te la va a planchar, entonces te das cuenta de otra cosa: “No tengo plancha” porque obvio, te fuiste a vivir sola hace muy poco, entonces no tienes ni una huevá en el depa, entonces dejas los pantalones ahí por mucho tiempo, hasta que te compras ropa nueva porque ya no tienes con qué ir a trabajar, pero los pantalones siguen ahí, hasta que compres la plancha que prometes comprar todos los días, pero la flojera de entrar y comprarla es mayor que tus ganas de ponerte ese pantalón.

Las semanas se arreglan cuando en vez de pasarte directo al depa, te quedas enredada con alguna amiga, tomando once en algún cafecito del barrio, o con un grupo de amigos, en algún after office de la ciudad, pero eso es sólo la primera quincena, porque luego llega la segunda mitad del mes y te das cuenta que te gastaste el sueldo en puras huevás, que te queda pa cargar la BIP y que con suerte vas a poder pagar la colación de $2.200 que vende el caballero ahí en la calle Manquehue, prófugo de la justicia, porque así no paga impuestos y ganamos todos (mi estómago lo agradece).

Y es ahí donde uno echa más de menos que la cresta a la mamá, donde te das cuenta que todas aquellas cosas que antes tomaste por sentado, como por ejemplo la caja con mercadería que me mandaban en la U, la plata semanal que uno tenía en su cuenta rut, los utensilios de limpieza del baño y todas esas cosas chicas que uno juraba que estaban en tu casa por magia, eran porque tus papás lo hacían, porque uno nunca valoraba esas cosas, porque ahora que uno vive solo tiene que preocuparse de arreglarselas solita, de pagar todas tus cosas y que si no compras tú el confort del baño, no vas a tener que con qué ir al baño, que si no compras comida te vas a cagar de hambre un día miércoles a las 9 de la noche y que si no pagas el internet, te lo van a cortar, porque es así como uno crece, a golpe de porrazo, con la experiencia, con la vida, así uno valora a los papás, porque yo ahora daría la mitad de mi sueldo con tal de llegar a la casa y que estuviera calientita y con olor a comida de mamá…pero no, uno vive sola y se las tiene que arreglar a llegar al depa, helado, desordenado (por tu propia culpa) con un maruchán en la despensa y más sola que el 1. Supongo que todos han pasado por lo mismo, hasta que pasa el tiempo y uno se acostumbra, hasta que uno empieza a organizarse y a crecer más y más, porque todos los días aprendo algo que antes me lo hacía mi mamá, porque todos los días descubro cosas que antes las tomaba por sentado, porque tengo que hacer durar mi sueldo y ya no me lo puedo gastar en cualquier cosa total “mi papi me lo paga” es brígido crecer.

Todas las etapas de la vida tienen lo bueno y lo malo, al menos yo veo el vaso medio lleno, a pesar de todas las cosas que me he dado cuenta, me encanta mi vida nueva, me gusta mucho ser independiente (todavía les debo un regalo a mis papás, les juro que les daré algo bacán! pero todavía no, porque aún me estoy adaptando a controlarme con dinero jajajajajajaja) a pesar de todas las cosas, se me vienen otras mucho mayores y aquí estaré yo, como siempre he estado, recibiendo todo cambio de la mejor manera posible y ahorrando cada peso, porque yo no me voy a comprar un depa nuevo, no me pienso comprar un auto ni invertir mi dinero en ropa, de aquí en adelante me voy a viajar la plata completa, pagada por mi, donde yo quiera y con quién yo quiera y eso señores, eso, es absolutamente impagable!

Y llegará algún día, donde estemos todos tomando en un bar y yo diga: “Esta noche yo invito! pidan lo quieran!!” algún día…algún día.

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