Las primeras experiencias nunca se olvidan: El vuelo.

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Debía encontrar una forma de expresarme para relatar y no olvidar mis momentos vividos en lo que va de mi primer mes en Estados Unidos, loco, loco mundo, así que para mi comodidad, creo que por números o capítulos me parece genial, no quiero perder detalle de mis viajes ni menos de todo lo que he vivido, aquí va la primera parte:  

   Tengo 22 años y en lo que va de mi vida no existe nada comparado a lo que he vivido acá, mi primer vuelo, primera vez en mi vida que estaba sola, completamente sola frente a una puerta que me abría las puertas del mundo, abordo el avión y el miedo corria por todo mi cuerpo, aguantarme las ganas de llorar para que mi familia no se diera cuenta, subirme al avión y nada parece familiar, mi compañero de asiento es el típico gringo adulto con su familia rubia, me conversa al segundo y 15 de haberse sentado a mi lado; esa fue la última vez que pude hablar Español (y digamos, Chileno) luego de que él descubriera que mis habilidades para inglés eran lo suficientemente buenas como para no utilizar más el Español, toda la conversación se convirtió en un lenguaje nuevo, nadie discriminaba en detenerse un poco para ayudarte. Comida mala de avión y mi corazón dividido en dos, ¿Estará bien esto? ¿Por qué tengo tanta pena?, miro por mi pequeña ventana y sólo veo nubes y el mundo a mis pies; ok, pensé, ya estás arriba, ahora mira hacia adelante y que sea lo mejor para mi; cerré mis ojos y desperté en Dallas, Estados Unidos; debía bajarme y descubrir todo por mi misma, ya no estaba ni mamá ni papá para que me dijeran dónde debía ir, sin pronunciar una palabra en Español comencé a defenderme con uñas y dientes y mi Inglés parecía cada vez más fluido; un pobre Argentino perdido me mira con cara de desesperación: “Vas en el vuelo a San Francisco?, sé que no eres de acá y que hablas Español, ayúdame por favor, estoy desesperado y no sé nada de Inglés” -“Sí, voy a San Francisco y sí, no soy de acá y sí, hablo Inglés; sígueme”. Primer encuentro cultural con mis pies puestos en tierras Americanas, conversación fluida y agradable, me sentí acompañada, caminar por más de 2 horas por el inmenso aeropuerto de Dallas buscando mi vuelo a lo que sería mi ciudad por un año; finalmente llegamos, lo dejé sentado en su asiento y su cara de agredecimiento me lo dijo todo, se llamaba José Martín; lindo nombre, por cierto. 

   En el vuelo de Dallas a San Francisco no podía dejar de mirar las nubes inmensas que se asomaban por mi ventana, los únicos que alguna vez en su vida pueden nubes tan blancas y pomposas como las que yo vi, son aquellos que vuelan. “Algo para beber?” me pregunta la azafata; “Agua, por favor” lo único que mi cuerpo pedía en ese momento; de reojo veo un Americano de mi edad que me miraba curioso; “Debe ser por mi acento” y sí, era por eso, o al menos es lo que pienso hasta ahora, porque no dejó de mirarme en todo el vuelo y más que ponerme nerviosa, me sentí a gusto, me sonreía de vez en cuando y al llegar a San Francisco me sonrió en señal de despedida, no sé por qué aún recuerdo su cara; la verdad es que creo que siempre recordaré todo con detalle, dicen que las primeras veces de todo en la vida nunca se olvidan; es por eso que puedo escribir con lujo y detalle cada cosa que me ocurrió hace aproximadamente un mes atrás. 

    “Welcome to San Francisco” dicen por las pantallas, el avión se detiene, me pongo de pie y camino con miedo a lo que sería la gran experiencia de mi vida; unas ganas locas de llamar a mi mamá al instante y contarle que ya había llegado bien se apoderaron de mi, pero…oh! ya no podía tomar el celular y llamarla, ya no, o al menos, no aún.  “Estás en Estados Unidos Pola, reacciona” fue lo que pensé. Me paro en el pasillo y el Argentino simpático venía de camino, me toma el hombro y me dice: “Buena suerte Póle!” (con su entonación argentina y su tilde en la o”; “Buena suerte Jose” y salí caminando hasta llegar a la puerta de salida. Letreros, letreros y más letreros, ¿Dónde debía ir a buscar mi maleta?; Cuál de todos los caminos debía seguir?, supongo que debo seguir a la gente, todos necesitan sus maletas, pensé, y lo hice!, tomo mi maleta y me dirigí a la puerta principal, debía estar mi familia gringa esperando por mi, mi corazón latía a mil por hora ¿Y si no les agrado? ¿Y si son muy distintos? ¿Y si no llegan? Qué hago sola en San Francisco?, Y si, Y si Y si… y mil y sí más se cruzaron por mi mente, se abren las puertas y un letrero gigante escrito a mano decía “BIENVENIDA POULETTE!” y mi familia Americana completa esperando por mi; no tenía idea que todo lo que se me venía, sería lejos, unas de las experiencias más maravillosas que me ha pasado en la vida…

 

La mentalidad retrógrada del Chileno

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Me gusta el pensamiento pintoresco, de pueblo y medio del año uno que tenemos los Chilenos; esa cosa de la mujer de casa y el hombre trabajador, eso de que la niña debe ser una dama y no decir palabras feas, de que el hombre, mientras más mujeres, más macho; eso de que el matrimonio con el vestido blanco, que si las niñas tienen más de tres o cuatro hombres en su vida ya se llaman “de otra forma” como me enseñó mi madre (más de tres hombres refiriéndonos explícitamente al ámbito sexual) eso de que las niñas deben esperar a que el hombre tome la iniciativa, que el hombre espera que él pueda comportarse como un asno, pero la mujer siempre debe ser una niña buena; eso de que si uno la quiere pasar bien una noche y reírse al otro día, hay que andar con cuidado porque la mitad del pueblo, la mitad de la ciudad, o la mitad de la universidad (o en el peor de los casos, uno que otro “amigo” de mierda) va a andar hablando mal de ti “Cachaste que tal se agarró a este weón?”, “Cachaste que esta mina se comió a 3 del mismo grupo?” y blá blá blá; lo peor de todo es cuando la bolita sigue creciendo y nadie la detiene y uno? uno se entera cuando ya quedó la embarrada y ¡anda a buscar quién fue! ahí empieza el cotilleo de barrio paaaabre, que todos lo niegan, que disculpa, que fue sin querer y que tal y cual y que todo el mundo se siente con el derecho de hablar de uno, cuando su vida no ha sido un ejemplo ni por 5 minutos; yo voy a citar a una de mis bloggers favoritas de la vida, ella es Bernardita Ruffinelli y en su cuenta de twitter escribió algo que aparte de sacarme mil carcajadas me hizo aplaudirla y felicitarla, es que yo pienso lo mismo: “”Si usted quiere que me sienta culpable por ser quién soy o verme como me veo. Puede usted, irse a la concha de su madre” a eso le sumaría el hecho de sentirme mal por mi personalidad, forma de ser, hechos y blá blá blá, sírvase a tomar el mismo tren y viajar directo a la máquina productor de bebés.

Casi olvidaba por qué comencé a escribir esto!, pues sí, yo siempre pensé que yo era media “liberal” de pensamiento en mi país…hasta que llegué a Estados Unidos, es que del cielo a la tierra el cambio está a la vista: tengo dos amigas Españolas que más de una vez me hicieron pensar “Serán ellas la muy liberales, o yo la muy cartucha?” ni lo uno, ni lo otro, si no todo lo contrario; yo de cartucha no tengo un pelo, pero jamás que le llego ni a los talones a la forma de penar Europea, es que me llega hasta dar vergüenza de los pobres hueones que son para pensar los hombres Chilenos, que se toman el derecho de hablar de uno que a nivel extranjero es una monja, cuando si a ellos los sacan de Chile, les tiritan las cañuelas. Es que acá la vida es diferente, no importa si te comiste a Pedro, Juan y Diego porque en el fondo, cuando llegas a la relación, finalmente eres fiel, he ahí la madre del cordero ¡Por eso hay tanta mina llorando por hombres de mierda en Chile! porque les falta cambiar un poquito el pensamiento y mandar a freir monos al África lo mentalidad retrógrada del Chileno medio, soltarse un poquito las trenzas y pasarlo bien, si la vida es pa’ vivirla! y la Juventud no dura toda la vida, después pongámonos serios, pero por el momento yo no estoy ni ahí.

Tengo un alumno que sus padres son dos mamás, sí sí, una pareja de lesbianas; en Chile eso va a pasar el mismo día que la educación sea gratuita, la salud buena, los sueldos aumenten, la política deje de ser una mierda, la gente cambie su pensamiento y yo sea presidenta…ahí, recién ahí, se podrá tener a dos madres lesbianas con un niño en Kindergarden; y eso sólo por dar un ejemplo; mi cara de espanto la disimulé lo más que pude, pero poco a poco me he ido acostumbrando a esta mentalidad y la verdad es que me gusta bastante; con esto no digo que voy a sacar mis tacos, la cartera y me voy a parar en las esquinas de las calles de California esperando al primero que pase, pero sí digo que me cago en la mentalidad del Chileno machista y me niego a volver a Chile y encontrarme con  los mismos tipos de siempre que te critican porque “Le dio besitos a 3 niños” cuando ellos han sido los prostitutos más grandes y no se lavan ni la boca para hablar de uno que es un pan de Dios!.

De todas formas yo amo mi país, es donde esta toda la gente que quiero, mi familia, mi casa, mis amigos; ahora mi casa es acá, pero dicen que hogar es donde está tu corazón y yo dejé la mitad del mío en Chile Chile lindo; nos queda tanto por aprender!!, seguiremos en “vías” de desarrollo por los siglos de los siglos, AMÉN.